Una mujer que usa gafas se toma la cabeza con las manos.

A la hora de rezar...

Mi jefe, antes de cada reunión, reza, aprieta y se clava las uñas en las palmas, como si se fuera a sacar sangre. Todos los días tenemos seis reuniones, eso quiere decir, que hacemos esto treinta veces a la semana que equivalen a noventa veces al mes.

Yo, soy su asistente hace más de cinco años y en todo ese tiempo, solo una vez me atreví a preguntarle ¿por qué rezaba tantas veces en el día? y me dijo que si era un chische, pero yo no estaba bromeando, en serio que quería saber por qué.

Yo volvía preguntarle a ver y que una vez me contara cuál era la religión que practicaba, porque es que para mí era una mezcla de todas: se arrodillaba sobre una alfombra, que en mis pocos conocimientos eso es muy al estilo musulmán, también rezaba el padre nuestro, que eso fijo es a lo católico y además se quedaba sentado un rato como el señor que le llaman, el Buda. Mi jefe solo serió, no me respondió nada y me pidió que me saliera de su oficina.

Cuando le conté al doctor Mariano, se me burló y me dijo que de pura suerte mi jefe no me había echado, porque para qué me metía en lo que no me importaba, pero pues obviamente que no fue por eso, yo solo le pregunté por aprender, aunque ni yo me creí ese cuento. La verdad es que por andar de pura chismosa es que me pasaban las cosas, como lo que pasó con la señorita Paola.

Uy esa vez fue tenazzz. Nunca me voy a olvidar esa vez que la señorita Paola llegó toda campante, así como esos pavos reales que aparecen en las películas, a la oficina. –Llegó la novia, la mamasita del jefe, dijo uno de esos morbosos de la oficina.

Ese comentario me dio rabia, pero más que llegara sin avisar y preciso cuando faltaban como diez minutos para que empezara la tercera reunión del día. Esperé un ratico y me asomé por la ventana para avisarle a mi jefe que todos lo esperaban en la sala de juntas. Y medio alcancé a ver a Paola arrodillada al lado del escritorio de mi jefe que tenía una cara…. no estaban precisamente rezando.

Todavía me acuerdo y me da una risa. La cara que puso Paola cuando mi jefe la tomó del cabello para quitársela de encima cuando me vio asomada por la ventana. Me salvé otra vez de que me despidiera gracias al doctor Mariano que me quitó dela ventana jalándome del brazo y así mi jefe pudo terminar lo que estaba haciendo justa a la hora que tocaba rezar.  

Después de la reunión, los descarados salieron de la oficina como si nada, bien abrazados sin una gota de vergüenza, como cuando uno el mismo día que empieza la dieta, peca. Cómo se siente uno? Pues mal pero contento. Por culpa de lo que vi, las piernas de Paola y la cara de deseo de mi jefe fue que comencé a desvelarme por las noches, no peor aún, a soñarme con ellos, que hacían cositas y pues claro, me despertaba con muchísimo calor en el cuerpo, con calentura que llaman, eso la piel me quedaba pegajosa del sudor y de las ganas, pero sí yo no me quedé con ninguna, no quién dijo, me tocaba sola y me daba mis mañas.Después de eso, dormir es imposible, por eso llegaba a la oficina de mal genio, ahí sí que no me aguantaba ni un rezo de mi jefe.

El doctor Mariano se dio cuenta y me preguntó por qué estaba como de mal genio. Yo no le paré bolas, ignoré la pregunta y me hice la loca de que tenía que organizar papeles, pero todo fue para no abrir esta bocota y contarle lo que me estaba pasando por las noches. Pero no que va, no me aguanté y terminé contándole:

-Ay, Brigitsita, -me dijo con un tono todo meloso, -yo te puedo ayudar con ese insomnio ¿por qué no me habías contado antes?

Pues si señores, el doctor Mariano se me acercó todo coqueto y me habló al oído. No le di una cachetada, para evitar los chismes de pasillo. Uy, me dio una rabia, aunque reconozco que muy en el fondo también me gustó lo que me dijo (risas), no ven que me despertó el deseo. Claro que esa vez me negué y varias hasta ese día…

Esperamos a que todos se fueran y después de la última ronda que hace el vigilante, nos metimos a escondidas a la oficina de mi jefe.

-Tú haces de Paola y yo hago que soy tu jefe.

Qué tal con las que me salió el doctorcito Mariano. Yo ni boba que fuera le dije que, si él no hacía de Paola y yo de mi jefe, mejor que nos fuéramos. Ahí sí se puso más melosito y es que le tocaba porque con esa calentura. Eso sí, quién lo mandó a echarme los perros, qué dijo: Brigitsita la tontica, pues no, tampoco.

-Me salió como exigente, no Brigitte.

Y la verdad que sí, aunque no pensé fantasear en vivo y en directo con mi jefe y menos con la Paola ésa, la idea de ir a la oficina sí fue mía.

Perdí el control con el doctor y eso nos agarramos a besos y eso, hasta que escuchamos pasos, risas y luego voces; quién se iba a imaginar que la señorita Paola y mi jefe iban a ir esa noche a la oficina. No qué de malas.

Intentamos salir, pero no pudimos ellos ya estaban muy cerca y si mi jefe nos veía eso era echada segura. No tuvimos otra opción que escondernos debajo del escritorio. Uy no, desde ahí me tocó ver las envidiables piernas de Paola que rozaba en el pantalón de mi jefe.

El sonido del corcho que salió de la botella disparado al techo, me asustó.Mientras brindaron se dijeron un poco de vulgaridades. El doctor Mariano no hizo sino reírse, yo en cambio no hallaba la hora de irme de ahí.

Lo único que sí me dio un poco de risa, y eso porque pensé que lo iban a hacer, por la forma seria en que mi jefe lo dijo:

-¿Rezamos?No me esperé la respuesta de Paola.

-No, pequemos.

¿¡Uy!que fue eso? Si Paola quiso sonar seductora, no lo logró, esa vocecita que hizo entre ronca y chillona, nada que ver. Me puse las manos en los oídos, pero denada sirvió, escuchamos todo. Me dio tanta pena ajena. Pensé que lo peor ya había pasado, cuando…

–Voy a despedir a Brigitte.

–¿Porqué? Me parece que es buena asistente, ¿no? quizás, un poco solapada, por la forma como viste, pero mejor, así no te distrae.

–Qué cosas dices Paola. Brigitte es muy buena en el trabajo, pero últimamente anda de mal genio y olvida las cosas que le pido.

–Dale tiempo amor, a lo mejor se le adelantó la menopausia.

¡No! cuando escuché eso casi me pegó contra el escritorio, quise salir a darle una cachetada por abusiva. Si no es porque el doctor Mariano me agarró, yo habría salido y no me imagino lo demás.

Lo peor fue que verme brava excitó al doctor Mariano que no se me quitaba de encima, menos mal mi jefe y Paola se vistieron rápido y se fueron.

Me dolió la espalda de estar tanto tiempo debajo del escritorio y quién me quitaba al doctor Mariano que no hizo sino perseguirme por el pasillo como si yo fuera una perra encelo. Pero que ganas me iban a quedar después de enterarme que mi jefe me iba a echar.

Al otro día, no fui capaz de mirarle la cara al doctor Mariano y a mi jefe menos.Las veces que lo intenté se me vino a la cabeza todo lo que había pasado anoche.No sé en qué estaba pensando cuando se me ocurrió hacer cositas con el doctorMariano en la oficina de mi jefe, esa no soy yo.

Y como para terminar de completar el día, sin querer, eso sí, escuché la conversación telefónica entre mi jefe y su sicóloga en donde le contó por qué cuando rezaba, se apretaba y se clavaba las uñas en las palma de las manos. Pues nada más y nada menos, porque creía que se tenía que castigar porque la mayoría de las veces que rezaba pensaba en tener sexo con Paola. La sicóloga le preguntó si se había enamorado de ella y él le contestó que la noche anterior le había propuesto matrimonio y que habían celebrado por lo alto. ¿Alto? Me consta, en el piso décimo del edificio en su oficina, pero claro, es sí no se lo contó.  

Me dolió que mi jefe no me contara que se iba a casar, el matrimonio es una decisión muy importante, y como mínimo yo tenía que saberlo, después de todo yo estuve a su lado todos estos años. Pero luego entendí que estaban enamorados y que yo no era nadie para juzgar dónde las personas escogían hacer el amor. Me prometí no volver a juzgar a nadie, y menos si se trataba de las locuras que el amor hace que uno cometa.

Cuando mi jefe se dio cuenta que había escuchado la conversación, no dudó y en seguida me despidió. Lo bueno después de todo fue que me animé a hacer mis locuras también, pues claro, con el doctor Mariano y adivinen, ya no sufro de insomnio, ni ando de mal genio, todo lo contrario, me desvelo haciendo cositas y mantengo de buen humor sin perder mi carácter, eso sí.